Ignacio entró al bar y se sentó en su lugar habitual. Saludó al mozo y le hizo señas para que le sirviera lo de siempre.
Cuando la vio, el bullicio se silenció, repentinamente. Supo de inmediato que se trataba de ella. Sentada en una mesa, pegada a la ventana, con sus largas piernas cruzadas y en una mano apoyado su mentón. La mirada perdida en la lejanía y el cabello oscuro y revuelto que le caía, ligeramente, más allá de los hombros. No era como la había soñado, pero últimamente no creía ni siquiera en los sueños. Su boca, destellaba el brillo de una fresa madura. Tampoco tan bella como la había imaginado, pero exhalaba una delicada sensualidad. Quiso acercársele, conocer su voz, pero no pudo. Cierta clase de abismo, lo tragaba en algunas oportunidades. Reconocía la electricidad que había en su cuerpo, un encantamiento, que casi, no podía manejar. Ella parecía ausente, con su mirada fija a través de la ventana. El, se preguntaba si ese imán poderoso, que lo arrebataba como fuerza invisible, no era más que una mera ilusión. Perturbado, acomodó su asiento en la barra, y por un momento le dio la espalda dedicándose a beber su fernet con cola. Acariciaba el vaso, como si fuera una bola de cristal, un oráculo que le diría cuáles serían las mejores palabras para comenzar. Luego de un par de minutos, se volvió hacia la mesa, buscándola. Tragó saliva y avanzó pero ya era tarde. Ella ya no estaba.Salió corriendo hacia la calle como desorbitado, pero no había ni rastro. Desesperado corrió hacia la esquina, inutilmente. Ella había desaparecido. El mozo, que había salido tras él, le advertía, a los gritos que sería la última vez que se iría sin pagar.
Universos alados
El ángel batió sus alas
y acalló el suspiro
de una libélula
que, confundida,
intentaba seducirlo.
Véte pequeña, no soy
de los tuyos!
susurró, angelicalmente.
Pero la libélula nunca
se rindió.
Y quedó dormida
por una eternidad,
en el hombro de su
enamorado.
Con el alma…
My girlfriend
The universe paralyzed his time machine on the beach, just when our lips touched softly. I shivered like a child, and probably would have gone a warm blush on my cheeks. The bright of your cheeks, however, smelled roses, and nothing could be more closed to happiness than that afternoon. Do you want to be my girlfriend? Asked shy, while resting your hands on my chest. You looked at me and smiled tenderly, while the deep green of your eyes was anchoring in my soul. I put my coat on your shoulders as to protect from that drizzle that unexpectadly began to fall. You let me hold you and we walked away over the golden carpet near the sea.
I use to write your name in the sand nearly every afternoon while watching the sunset and the waves break, I leave my imagination fly, creating in my mind that perfect moment when I asked you: Do you want to be girlfriend?
Blank notebook
Small tribute
It was said of him,
his voice was deep and calm,
and when present,
no one could resist the sparkle of his eyes.
They didn’t believe it
But when first notes were played
on the piano keys,
inevitably fell silent.
The afternoon was eternal
the sun shone into the room,
shedding his light
in a corner of every soul.
Enchantment
threw them to the edge of dreams.
It was said then,
that his music had the magic power
of cosmic triads,
time bins,
where Gods
write their poems,
and light of creation.
Dedicated to Yanni
Cuaderno en blanco
Ni subido a una escalera conseguiría besarte, pensé. Tus manos se acercaron a las mías y, aunque me buscaste la mirada mientras señalabas algo en el cuaderno, sólo atiné a esconderme detrás de un gesto serio, como concentrado. De ser el mundo una fábula de fantasía, o el más abominable de los cuentos de terror, ni lo hubiera percibido. El entorno era una postal que se reducía ante esos detalles. Ese no se qué de tu voz y el dulzor de aquel perfume. Lo esencial, aun no estaba escrito en ningún cuaderno. Tal vez, imaginé, cuando sea más grande y ya no seas mi maestra, vendré a buscarte. Tú seguramente sonreirás.
El nombre
Salió de su casa apurado. A punto de tomar el colectivo que lo llevaba a la oficina, notó que algo le faltaba. Se quedó pensando y metió la mano en el bolsillo del saco. Entonces cayó en la cuenta que no llevaba su nombre. Común y sencillo pero era suyo, le pertenecía. Sin él sentía que era nadie. Recordó que la última en nombrarlo había sido su mujer al salir de su casa. Revisó la agenda y el maletín. Pasó una a una las hojas de la novela que llevaba bajo el brazo. Volvió sobre sus pasos a ver si le había caído por el camino. Tal vez cruzarse con algún conocido sería la solución, pensó. – Che, fulano, ¿cómo andas? Pero nadie apareció. Pensó que ya se estaba quedando sin recursos y decidió regresar. Caminó tranquilo hasta su casa. Cuando iba a colocar la llave en la cerradura vio algo sobre el felpudo que decía «Bienvenidos»
. En letras gordas, un tanto torcidas, estaba su nombre. Se agachó para levantarlo. Acarició a Pedro, lo planchó suavemente con la mano y lo dobló. Con cuidado se lo guardó en el bolsillo y se alejó apurado hacia el trabajo, y en el rostro dibujada una sonrisa.
Mi novia
El universo paralizó su máquina del tiempo cuando en la playa, posé mis labios en los tuyos. Temblé como un niño, y seguramente, un rubor tibio habría subido por mis pómulos. El nácar de tus mejillas, en cambio, olía a rosas, y casi nada podía acercarse más a la felicidad que ese instante. ¿Querés ser mi novia? Pregunté tímido, mientras apoyaba tus manos en mi pecho. Me miraste y esbozaste una sonrisa tenue, y en la profundidad verde de tus ojos se iba anclando mi alma. Con mi saco te cubrí de la llovizna, y abrazados nos alejamos por las dunas doradas.
Suelo escribir tu nombre en la arena, cuando por las tardes contemplando el crepúsculo y las olas romper, dejo volar mi imaginación recreando ese momento perfecto cuando te pregunte: Querés ser mi novia?
Luna Mágica
Bajo la luz de la luna, se despiertan las palabras. Se desperezan y en una ronda infinita juegan. Arman y desarman historias que se cuelan en la noche y llegan a este espacio. Recrean relatos de otros mundos, vivencias de algún universo lejano. La magia no es juego de niños, sin embargo la luna no deja de jugar con sus haces de luz, que como toques mágicos de una varita, encienden el sentido del relato.


