El nombre

Salió de su casa apurado. A punto de tomar el colectivo que lo llevaba a la oficina, notó que algo le faltaba. Se quedó pensando y  metió la mano en el bolsillo del saco. Entonces cayó en la cuenta que no llevaba su nombre. Común y sencillo pero era suyo, le pertenecía. Sin él sentía que era nadie. Recordó que la última en nombrarlo había sido su mujer al salir de su casa. Revisó la agenda y el maletín. Pasó una a una las hojas de la novela que llevaba bajo el brazo. Volvió sobre sus pasos a ver si le había caído por el camino. Tal vez cruzarse con algún conocido sería la solución, pensó. – Che, fulano, ¿cómo andas? Pero nadie apareció. Pensó que ya se estaba quedando sin recursos y decidió regresar. Caminó tranquilo hasta su casa. Cuando iba a colocar la llave en la cerradura vio algo sobre el felpudo que decía “Bienvenidos”. En letras gordas, un tanto torcidas, estaba su nombre. Se agachó para levantarlo. Acarició a Pedro, lo planchó suavemente con la mano y lo dobló. Con cuidado se lo guardó en el bolsillo y se alejó apurado hacia el trabajo, y en el rostro dibujada una sonrisa.

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