Universos alados

El ángel batió sus alas

y  acalló el suspiro

de una libélula

que, confundida,

intentaba seducirlo.

Véte pequeña, no soy

de los tuyos!

susurró, angelicalmente.

Pero la libélula nunca

se rindió.

Y quedó dormida

por una eternidad,

en el hombro de su

enamorado.

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